Y llegamos a Oporto, la segunda ciudad más importante de Portugal después de Lisboa, una ciudad con personalidad, dividida por el río Duero, que hace allí su desembocadura al Océano Atlántico. Su casco antiguo esta lleno de callejuelas estrechas y empinadas, repletas de casas destartaladas y pintorescas, con carácter propio, vestidas unas veces con carteles publicitarios de bodegas y otras veces revestidas con sus azulejos azules tan típicos de Portugal.
El río Duero es atravesado por un imponente puente metálico, el puente Luis I, diseñado por un discípulo del famoso Eiffel y su torre. Cruzamos por él y llegamos a Vilanova de Gaia, ciudad distinta de Oporto pero de hecho, juntas, allí se encuentran un sinfín de bodegas, y terrazas, donde se puede disfrutar de un agradable paseo y de unas vistas estupendas de la ciudad. Las bodegas se pueden visitar, unas bajo previo pago y otras gratis, nosotros estuvimos en las bodegas Croft, que después se subir una empinada cuesta hasta llegar a ellas, la recompensa fue una degustación gratuita de sus vinos y un paseo entre sus cubas , se puede también, claro está, comprar y adquirir botellas de vino, como nosotros hicimos, y compartirlas luego en una amigable cena con los amigos. ¿Que más se puede pedir?









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