sábado 20 de diciembre de 2008

Cenas de Empresa en Navidad

Justo después del macropuente de diciembre alguien dice: “¿Y este año no vamos a hacer la Cena de Navidad?”. Esto procura decirlo cerca de quien sabe por experiencia que aunque no lo reconozca abiertamente, disfruta organizando este tipo de eventos. Primero dice que no, que él pasa este año, pero todos sabemos que al final lo hará. Nos dará un coñazo terrible hasta que decidamos el día, si comida o cena, el sitio, el menú etc.

Las cenas de empresa de navidad se han convertido en toda una tradición, y un gran negocio para los restaurantes, que se llenan a todas horas, pero es que no solo los restaurantes hacen negocio, ¿qué me decís de la dirección general de tráfico? estos también se ponen las botas ¿eh? reparten tantas recetas que tienen que hacer horas extras.

La Navidad existe, pero uno no es consciente de la inminente llegada de estas fechas hasta que no se ve en la ansiada cena de empresa.
Hoy es uno de los típicos días en los que se celebran las cenas de Navidad de las empresas aunque no todas corren por cuenta de la empresa.

Uno de los momentos tensos de toda cena de empresa es cuando se toma asiento. Es un momento crítico de la noche. Nadie. Repito, nadie… nadie quiere sentarse al lado del jefe. Bueno, a no ser que sea un rubia despampanante con unos pechos de goma, caucho del bueno, Michelin como mínimo (jeje). Créanme, el jefe nunca cumple este último patrón así que todos los empleados maquinan un plan para evitar sentarse cerca él.


En cualquier cena de empresa, está el típico simpatiquillo que se pasa la cena haciendo muestras de sus habilidades. Yo no soy de esos. Lo siento, no soy perfecto. Por cierto que no se me enfade nadie estos son unos simples tópicos.

Durante la cena, no faltarán los relatos de anécdotas que suceden en el día a día del trabajo; criticando a unos, riéndose de otros… Los casos son interminables y todo el mundo tiene uno para contar.

Según avanza la cena y el nivel de alcohol en sangre de los asistentes, empezarán las bromas -tímidas al principio- hacia los jefes/as. Incautos ellos.

Finaliza la cena y unos cuantos desaparecen. No pasa nada que no cunda el pánico, pasa en todas las cenas.

Llegado el “momento copas” ya se desata el desmadre. Todos desfasan aquello que pueden y más. Es la noche de transgredir todo junto a aquellos con los que todos los días compartimos rígida disciplina…



Al día siguiente, ya en la oficina, un rosario de trabajadores ojerosos irá llegando -más tarde de lo habitual- y directamente se dirigirá a tomar café para así comentar las jugadas de la velada.


Os dejo un relato irónico y simpático en el que nos podemos ver reflejados todos o todas.
Hoy me voy de cena

Hoy me voy de cena con mis compañeros… ¡ como si no los viera bastante el resto de la semana para también tener que aguantarlos el sábado!

¿ Y ahora que me pongo?, ya estamos como todos los años, aquí las pijas de mis compañeras siempre tienen algo nuevo para estrenar, y yo como soy una “manirrota” todo enganchado y lleno de tippex y rotulador de llevarlo a la oficina ( como siempre le tenia que haber hecho caso a mi madre, mira que no para de decirme que esto de tener la ropa al retortero no esta bien…¡hay que tener una ropa para los domingos y fiestas de guardar!)

Una vez, que ya se ha solucionado el modelito (¡¡¡me importa un bledo si me hace gorda o no!!!), me dirijo al bar donde hemos quedado para tomar un vinito antes de ir a cenar.
Esta bien eso de tomar un vino antes, así te tomas la cena con otro ánimo ¡ya vas entrando en materia!, porque enfrentarte a los chistes del graciosillo de tu jefe sin anestesia es un poco duro.

Y ahora al restaurante, ¿pero quien coño a elegido este sitio? Parece que vamos a celebrar que nos han despedido a todos, ¡es horrible!, tiene un olorcillo rancio a no se que, bueno si se a que a ¡viejo! Claro, me entero que es nuestro señor jefe el que ha decidido cenar ahí (y cualquiera le dice que no) y debe ser que estaba de moda en su época. El sitio es un poco cutre, pero nos dan un palo considerable ¿pero este mamón se piensa que todos tenemos su nómina?

Por fin acabamos de cenar, y nos vamos a tomar unas copitas. Aquí la cosa empieza a cambiar, los vinos y el chupito se empiezan a subir a la cabeza y nos importa un comino todo, ¡para un día que salgo sin mi marido me voy a desenfrenar!¿Pero como se desenfrena una a los cincuenta años?, me meten en una discoteca que esta toda llena de chavales que podrían ser mis hijos, (ahora que mis compañeras también podrían ser mis hijas) y a bailar, bueno mejor a empujar… pues si hay que empujar se empuja, que para eso me estoy “desenfrenando”. Según van las copas corriendo por mis venas, las ganas de juerga van en aumento ¡y ahora que me da hasta pena que se haya ido nuestro bien amado jefe….seguro que ahora sus chistes malos me dan ganas de reír de verdad! ¡ Pero que maja es toda la gente de mi Ofi.!!! Hasta la pelotilla esa a la que tengo un poco de manía es “súper guay”, se esta de maravilla con ellos bebiendo y bailando……

Voy a proponer una nueva norma para prevenir los riegos psicosociales de la empresa
¡¡¡¡¡OBLIGATORIO ACUDIR A TRABAJAR CON UNAS COPITAS DE MAS!!!
By R.R.R.
Bueno espero vuestros comentarios anecdota que seguro que las hay

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo, pero estas cosas son así.

lau dijo...

Lo cierto es que las cenas de empresa de navidad se estan convirtiendo en una tradición más y cada año son muchas más las que se celebran, con todo el negocio que existe por detras claro!

Gracias por enlazarme!
Un saludo

http://vidadeunasalmantina.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Realmente las cenas, comidas, almuerzos y meriendas de Navidad se han convertido ya en una tradición....¡¡pero a mi me gustan!!!
¡¡Es que soy un viejo verde muy tradicional!!.
(Fdo.El Jefe)